Hay diferencias en las expectativas que tienen los
diferentes estamentos sociales, así como hay diferencias en las mismas personas
sobre lo que esperan de la educación y las funciones que la escuela realiza.
También hay una separación ideológica entre los que piensan que la educación es
igualadora y los que señalan que, al contrario, es creadora de más desigualdad
en la sociedad. Las funciones más evidentes son:
a. Función de guardia y custodia de los más jóvenes. Como señala Palomares y colaboradores, esta función está tan internalizada y es tan verdadera, que un autor español publicó en 1980 un libro titulado Educación y aparcamiento de menores. Lo que ha caracterizado a esta modalidad, es la retención de los estudiantes hasta antes de la vida del trabajo. Por eso tememos que la reforma educacional que extiende a jornada completa la permanencia en las escuelas, resulte ser apenas una forma de aparcamiento, en que los padres dejan a sus hijos al igual que lo hacen con sus automóviles y pueden estar largo tiempo fuera de la casa sin la preocupación de qué están haciendo los menores en casa durante su ausencia. La pregunta natural que surge es ¿Para qué extender la jornada escolar? Si es para entregar más contenidos en más horas de clases, para permitir el desarrollo de habilidades de comportamiento y académicas, para tener más tiempo para entregar más conocimientos, entonces ha resultado un fracaso, si se mide por el nulo efecto que la medida ha tenido si atendemos a las cifras del SIMCE en los últimos años.
La función de custodia se entiende como si la escuela se
hubiese transformado en una guardería en la cual los niños son dejados porque
los padres –y en especial la madre- no pueden o no quieren cumplir con su
obligación primordial en la familia de cuidar a los hijos y estar al lado de
ellos. Hay casos de abandono de la custodia en que la madre que trabaja no
aporta más dinero al hogar, pues debe gastarlo en una empleada doméstica en
quien delega los cuidados físicos y psicológicos que le competen, pero aun así
prefiere salir a trabajar porque el estar fuera del hogar satisface otras
necesidades, como la de reforzar la autoestima y sentirse más útil de otra
manera.
b. Función de cohesión social y de construcción de identidad nacional: Esta función se estableció tempranamente en Chile, pues ya J.M. Carrera, en 1812, se planteaba la necesidad de formar debidamente a la futura burocracia nacional. De esta manera surgió como una necesidad la aplicación del llamado Estado Docente, como institución social que pretendía entregar valores y determinados conocimientos en las escuelas e instituciones del Estado y en las privadas, bajo la tutela y vigilancia suya. Esta función es legítima y necesaria, toda vez que ante la globalización de la información y de los medios de comunicación, mantener la identidad cultural nacional es cada día más difícil de lograr y así lo han mostrado las encuestas que sobre pertenencia e identificación al país se han realizado.
Max Weber señaló con su aguda observación del mundo
capitalista, que la historia y la tradición entregan los valores que mueven a
la sociedad. Señaló que el Estado es aquella institución que emplea la
dominación atribuyéndose, ya sea legítimamente o no, el monopolio de la
coerción física. La sociedad civil, entonces, está compuesta por los ciudadanos
que aceptan esa dominación e incorporan los valores del Estado. ¿Quién entrega
entonces esos valores? Necesariamente es la escuela. De ahí su importante rol
para lograr la cohesión ciudadana en torno al Estado.
c. Función de formación para el trabajo y distribución de las posiciones sociales. En todas las sociedades, en todas las economías actuales se advierte una separación entre la escuela y la vida del trabajo, lo que no es conveniente para países que están saliendo del subdesarrollo. Se necesita urgentemente adecuar la escuela para que entregue los valores y conocimientos que requiere la empresa. Aquí se aplica la teoría del capital humano, que consiste en la convicción de que las personas pueden acumular un capital tan importante como el financiero, si acumulan más años de estudios formales y tienen más capacitación laboral. Se considera que los diplomas y los títulos obtenidos en las instituciones acreditadas son la moneda de cambio en el mercado laboral, como señalara Weber (1864-1920). Sin embargo, lo que era válido para los siglos XIX y XX, no lo es tanto para el que estamos iniciando, pues ya encontramos muchas personas que ejercen tareas distintas a las de su titulación originaria, como médicos dirigiendo instituciones educacionales o ingenieros dirigiendo establecimientos de salud, abogados dedicados a la economía o periodistas ocupando la alta burocracia educacional del Estado. Tal vez la nueva función de la educación básica y media sea entregar las herramientas básicas para el logro de un pensamiento lógico, informado y con el dominio de habilidades generales y no específicas, que hagan polivalente al graduado a la hora de buscar una posición laboral o proseguir estudios superiores. En Estados Unidos, el grado de Bachiller (dos años de estudios superiores) es el mínimo y lo adecuado para pretender un puesto de trabajo en la burocracia de nivel medio tanto privada como estatal. En los países desarrollados funciona bien la meritocracia, como principal medio de acceder a las posiciones sociales que permiten real movilidad de clases. La idea de extender la educación obligatoria hacia la educación media completa, es parte de la percepción del Estado en las economías poderosas, que la enseñanza debe preparar más para la vida del trabajo que para la educación superior. En nuestro país, en cambio, pareciera que todo el esfuerzo educador se dirige hacia la continuación de estudios en la universidad, si bien aún la mayoría de los jóvenes no tiene los medios ni las habilidades necesarias y deberían estar mejor preparados para los cargos iniciales en la burocracia y en las empresas de servicios y productivas.
d. Función de control social e ideológico de la población: Una verdad que salta a la vista cuando estudiamos la historia educacional del país, es que todos los gobiernos, todas las ideologías políticas se han planteado en su momento mantener el poder mediante la reproducción de sus valores y particular modo de ver el mundo a través de la escuela como entidad de la sociedad percibida como productora del bien para el individuo y la comunidad. La mayor parte de las reformas han tratado de funcionar para ese fin egoísta y no por los intereses verdaderos de la comunidad. Al parecer, quien se hace cargo de la educación puede perpetuarse con ella. Recordemos las experiencias fascistas y dictatoriales que abundaron en el siglo XX y tendremos validada esta argumentación. La transmisión de valores suele transformarse en una forma de coacción, para que los futuros ciudadanos compartan la ideología de quienes están en el poder. La ideología marxista, en su momento explicó que la escuela reproduce la injusticia propia de la sociedad capitalista y que los gobiernos trataban de mantener la desigualdad porque favorecía a sus intereses. Para mayor precisión conceptual, la idea de la función que estudiamos es la que antiguamente se denominaba educación como socialización.
Por mi parte, agregaría otro tipo de funciones de la
escuela:
e. Función de desarrollo de habilidades cognitivas y de
reflexión: Ya Emile Durkheim (1858-1917) había estudiado el tema y señaló que
el objeto de la educación secundaria era el desarrollo de la reflexión.
Habiendo pasado muchos años desde el aporte de Durkheim y por el natural
desarrollo y aporte de las ciencias sociales, podemos acotar la idea de ese
sociólogo indicando que para lograr una actitud reflexiva sobre la sociedad,
sobre sus logros y necesidades, previamente hay que trabajar pedagógicamente
para que el niño vaya haciendo uso de los recursos psicobiológicos con que lo
dotó la naturaleza. Si la educación es desastrosamente mala, afectará el
pensamiento del niño, que quedará en etapas más primarias y no llegará a
dominar las funciones superiores de la lógica y el razonamiento, lo que ya
había descubierto Piaget. Quienes trabajamos en educación superior, encontramos
que hay déficit en las capacidades de razonamiento, de pensamiento lógico y en
todas las formas de expresión del lenguaje.
Al iniciar este capítulo es conveniente posicionar a la
educación chilena en su trayectoria histórica y sus dos vertientes, que aún
coexisten. La educación pública tuvo la virtud de crear un sistema coherente,
ordenado, sabiamente burocratizado que logró universalizar la enseñanza, con
una inversión que siempre fue alta para las disponibilidades del país y
democratizó este bien nacional, llevando a la escuela hasta los más apartados
lugares de la difícil geografía que nos ha correspondido habitar. Con el paso
del tiempo, la educación privada ha pasado a ser el modelo de calidad que se
busca, con mayor inversión por alumno, con mejor equipamiento y con una
administración de excelencia. Pero ello no siempre fue así y hubo una época en
que, como aún ocurre con las universidades estatales, en que la pública fue la
mejor opción a la que podía optar una familia y que además era gratuita. Ahora,
estamos presente ante un sentimiento generalizado ante la calidad de la
enseñanza, que Freud llamó malestar y que es una mezcla de desesperanza,
irritación y temor ante un fenómeno que cada día es más desigual, que hace
hereditaria la pobreza y ante el cual no parece haber ninguna solución que
revierta el proceso, al menos en las próximas décadas. De todas maneras, no se
ha creado aún ninguna institución social que pueda remplazar a la escuela y los
futurólogos que creían que la sociedad tendería a la eliminación de la escuela
como institución social porque sería remplazada por la enseñanza a distancia y
el uso universal de la Internet, han quedado desacreditados.
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